El dolor físico nos acompaña en muchos momentos de nuestra vida por diferentes causas y en diferentes grados. Se trata de uno de los mecanismos de defensa o alerta que emplea el organismo, es decir, es una sensación que nos alarma de que algo está mal. En general, algo relacionado con la integridad de los tejidos1.
Cuando el dolor dura más de tres meses se considera un dolor crónico, llegando a sufrirlo entre el 20-30% de las personas1,2. El problema va más allá de la incomodidad, ya que se relaciona con incapacidad para trabajar y relacionarse, pero también con depresión, cambios de humor y, en definitiva, peor calidad de vida1,2. Hay muchos tratamientos farmacológicos, pero la mayoría tienen efectos secundarios, algunos muy fuertes. Es por ello por lo que están cobrando fuerza los tratamientos no farmacológicos. Ni siquiera estos últimos reducen el dolor al 100%. Sin embargo, han demostrado gran eficacia a la hora de manejar ese dolor. Dentro de lo no farmacológico, lo más interesante es la alimentación. Lo analizamos a continuación.
Patrones de alimentación
La mayoría de las enfermedades que acarrean dolor crónico llevan consigo también un proceso inflamatorio, es por ello por lo que se ha visto cómo dietas con un alto componente antinflamatorio, como la dieta mediterránea, mejoran significativamente el manejo del dolor.
Hay muchos patrones alimentarios calificados como antiinflamatorios, el problema es que se clasifican en ensayos controlados, en los cuales se realizan estos patrones a la perfección y en la población general no sucede eso. La mayoría no llevamos una dieta western o mediterránea (por poner algún ejemplo), sino que tendemos a mezclarlas. Es decir que, más allá de lo que digan los estudios, no sabemos si nuestra dieta es antiinflamatoria en el sentido que entiende la ciencia. Lo que sí podemos decir es que todos estos patrones de alimentación calificados como antiinflamatorios coinciden en que su base son las frutas y las verduras2. Por lo tanto, aquellos patrones con un alto contenido en frutas y verduras ayudaran a controlar la inflamación, coincidiendo con los que ayudan a reducir el dolor, como las dietas veganas, mediterráneas o simplemente un alto consumo de vegetales.
Por otro lado, también se ha encontrado relación positiva entre la pérdida de peso corporal en personas con sobrepeso y obesidad y la mejora del manejo del dolor2. Y no solo con la pérdida de peso en general, sino más concretamente con la pérdida de masa grasa2. En resumen, aquellas personas que sufren dolor musculoesquelético crónico pueden verse beneficiadas por la pérdida de grasa controlada, principalmente introduciendo más frutas y verduras en la alimentación y aumentando la práctica de ejercicio físico, siempre bajo supervisión de un profesional.
De manera opuesta, tendríamos aquellos patrones que empeoran el manejo del dolor. Esos patrones tienen en común un elevado consumo de productos azucarados y grasas poco saludables, y un bajo consumo de vegetales2.
Con todo esto puede decirse que la alimentación puede permitir reducir las dosis de medicación y, por lo tanto, reducir los efectos secundarios de esta y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
A pesar de estos resultados hay que decir que la investigación en este campo es joven y son necesarios más estudios. Esto quiere decir que de aquí a unos años podrá verse mejor la relación existente y se podrán concretar estos consejos.
Algunas ayudas concretas
Hay algunos nutrientes o compuestos provenientes de la naturaleza que han demostrado su beneficio en el manejo de estas enfermedades. Algunos se encuentran en alimentos y pueden ser consumidos en ellos, pero suele ser difícil llegar a las dosis necesarias para que se dé el efecto deseado. Estos podemos encontrarlos en el mercado como complementos o sustancias fitoterapéuticas.
Condroprotectores
Mayoritariamente, se trata de enfermedades que afectan a las articulaciones y tejidos cartilaginosos, siendo el tratamiento habitual con AINES (ibuprofeno y similares), pero no es un tratamiento que pueda mantenerse a largo plazo por sus efectos secundarios. Algunas alternativas son: el condroitin sulfato, el sulfato de glucosamina y el ácido hialuronico3. Son tres fármacos que han demostrado mejorar el dolor en enfermedades como artrosis, igualando el efecto del ibuprofeno. Las dos primeras además han demostrado un efecto remanente de 2-3 meses3 (es decir, se mantiene su efecto dos o tres meses, aunque no se tome o se disminuya la dosis). Por otro lado, se ha visto también que su consumo crónico es seguro y que mejora la calidad de vida de los pacientes, en comparación con aquellos tratados con AINES3. El ácido hialurónico mejora la movilidad de las articulaciones, pero es más incómodo porque debe inyectarse3.
Otras sustancias antiinflamatorias
En los alimentos vegetales (fitoterapia) encontramos algunos antiinflamatorios naturales como son la cúrcuma, boswelia, grosellero negro, harpagofito, pasiflora, corteza de sauce y uña de gato4. Son sustancias que proceden de plantas y que han demostrado científicamente reducir el dolor muscular, la inflamación y en algunas de ellas mejorar la movilidad articular. En todo caso, deberá consultarse con el médico, ya que muchas de estas, en las dosis necesarias para que se dé dicho efecto, pueden interaccionar con algún medicamento. Asimismo, su efecto se empieza a notar al cabo de unos días de consumo diario, no es un efecto inmediato.
El ω3 (omega 3) es un tipo de ácido graso con capacidad antiinflamatoria y con extensa investigación. Se puede encontrar en pescados, frutos secos, aceite de oliva, etc. El mecanismo de acción de este ácido graso es complejo y depende de otro, el ω6 (omega 6). Deben estar ambos equilibrados en el organismo en una ratio 2:1 a 4:1 (no está claro) a favor del ω6, lo cual con la alimentación actual es complicado5. Mediante suplementación a base de aceite de pescado se ha visto cómo esa ratio y, en consecuencia, los marcadores inflamatorios, mejoran considerablemente. Su efecto comienza a notarse a las dos semanas, siendo necesario un consumo diario de unos 5g5. No solo mejora el dolor, sino que podría ayudar al mantenimiento de la masa muscular, algo difícil e importante para este tipo de población5.
Antioxidantes
Son algunas vitaminas (C y E) y polifenoles principalmente, siendo estos últimos los que mayores efectos beneficiosos han demostrado para el manejo del dolor crónico6. Lo cual es coherente, ya que anteriormente hemos mencionado el beneficio de los patrones ricos en frutas y verduras, principal fuente de los polifenoles.
Bibliografía
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