“¡Pues te quedas castigado sin fútbol!”. Puede que hayas escuchado esta frase alguna vez o incluso que la hayas pronunciado con la mejor de tus intenciones. Cuando nuestros hijos tienen un comportamiento inadecuado o sacan malas notas en el colegio o instituto, muchos padres optan por privar a sus hijos de aquello que más les gusta como forma de que escarmienten y corrijan su conducta. Y en muchos casos, ese ‘algo’ es su actividad deportiva favorita. Obviamente, se hace pensando en que esto es lo mejor para el menor, pero psicólogos y educadores afirman que a menudo esta forma de castigo es contraproducente.
“Utilizar la retirada del deporte como castigo no es la mejor idea. Si un niño o adolescente suspende asignaturas, hay que buscar los motivos, que pueden ser muchos: desmotivación, problemas familiares, acoso escolar…», aseguran al diario Levante desde APAI Psicólogos de València. «El fútbol, o cualquier otro deporte, puede ser la única salida que les motiva. Además, el deporte es una excelente vía de educación, porque fomenta precisamente lo que buscamos en ellos: la responsabilidad, las habilidades sociales, el compañerismo», explican en el mismo artículo.
En la misma línea se manifiesta Yolanda Cuevas, experta en el ámbito de la Psicología Clínica y del Deporte, en otro artículo: “Cada día que privas a tu hijo/a de la práctica deportiva impides su desarrollo físico, mental y de su larga lista de beneficios”. Y continúa: “El castigo de moda ‘te dejo sin….’ está demostrado que no es efectivo y de allí conocidas expresiones como ‘le da igual que le dejes sin…’ porque para que sea castigo educativo tiene que suponerle esfuerzo lo que le ayudará a autocontrolarse. Si le castigas sin ir a entrenar no solo no hace esfuerzo por ello, sino que le privas del esfuerzo que tenía que hacer por desplazarse, dejar de hacer lo que estaba haciendo, cumplir con el compromiso que tiene con sus compañeros, etc. Es decir, fomentas la no responsabilidad”.
Y es que el deporte tiene numerosísimos beneficios sobre los niños: favorece la toma de decisiones y refuerza su personalidad, ayuda a descansar y favorece el sueño, les inculca la cultura del esfuerzo, mejora la socialización y la capacidad de comunicación, contribuye a adquirir hábitos saludables, aumenta su autoestima, les enseña valores como el compañerismo, disciplina, convivencia, aceptación de normas… Además, por supuesto, de los beneficios físicos: previene el sobrepeso, elimina el sedentarismo, favorece su desarrollo físico, contribuyendo al crecimiento de sus huesos y músculos…
Lejos de que el deporte sea una mera distracción, según un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona, los niños que realizan actividades físicas o deportivas como clases extraescolares sacan mejores notas. Eso sí, advierten que una práctica excesiva puede resultar tan negativa como no realizar ningún tipo de actividad. Por ello esta es una situación que no es fácil de abordar. Porque ¿qué hacemos entonces en vez de quitar a nuestros hijos el deporte cuando se comportan mal?
De nuevo la psicóloga Yolanda Cuevas aporta algunas claves en este artículo del Periódico de Ibiza: “Cuando hacemos deporte se retiene mejor; el problema puede ser de organización, que vean mucha televisión o estén enganchados a redes sociales o móviles”. En su opinión, “tomar conciencia de estos beneficios puede ayudar a tomar la decisión, igual que a un niño no le dejan sin dormir por suspender no hay que dejarlo sin deporte”
Reflexión, pautas claras y diálogo en el momento adecuado para transmitir las normas es la clave para un nuevo comienzo, advierte. En el mismo sentido, Lucibell Da Silva, Licenciada en Educacion Integral, asegura que la solución puede pasar por medidas como apoyarse en el entrenador o coordinador para pactar algún tipo de medida, evitar sobrecargarles de actividades extras, ayudarles a planificar su tiempo y generar rutinas de estudio, entender que las actividades deben complementarse y que no es necesario quitar unas para reforzar otras y reforzar y reconocer cada avance que nuestro hijo tenga, por muy pequeño que sea.
Obviamente, hay casos y casos y, como decimos, es un asunto complicado, pero como vemos, quitarles el deporte puede no ser siempre la mejor solución. Consultar con un profesional para generar juntos nuevas normas y motivar un cambio en su comportamiento puede ser una buena opción. ¡Seguro que juntos lo conseguís!