El embarazo es una etapa llena de cambios, ilusión y también de dudas. Una de las preguntas más frecuentes suele ser: “¿Puedo seguir entrenando?”. La respuesta es sí. De hecho, ¡debes! Siempre que el entrenamiento se haga con criterio, adaptando la intensidad y respetando el cuerpo en cada trimestre.
Hoy en día la evidencia es clara: mantenerse activa durante el embarazo es muy beneficioso, y las guías de salud lo recomiendan para la mayoría de las gestantes sin complicaciones. En ese sentido, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) y diferentes expertos en ejercicio prenatal coinciden en que el ejercicio moderado es seguro y recomendable cuando no existe contraindicación médica. Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que las embarazadas realicen al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada distribuida a lo largo de la semana.
Con este respaldo, la pregunta no es si se puede entrenar, sino cómo hacerlo con seguridad, qué ejercicios favorecen la salud y cuáles es mejor evitar. ¡Vamos a ello!
Lo que sí se puede hacer (y conviene)
Caminar a buen ritmo, elíptica, bicicleta estática… y, especialmente, natación y aquagym son actividades muy recomendables durante el embarazo. El agua reduce el impacto sobre las articulaciones, alivia la presión sobre la pelvis y la espalda, y permite moverse con mayor comodidad incluso cuando el abdomen crece.
En Enjoy!, la natación y las clases de aquagym se convierten en una opción ideal para mantener la forma con seguridad, mejorar la capacidad cardiovascular y aliviar tensiones típicas del embarazo, como el dolor lumbar o la sensación de pesadez en las piernas.
Además, en el medio acuático es más fácil controlar la intensidad: puedes mantener un ritmo constante y cómodo, sin exigirte al máximo, lo que es justo lo que recomienda la evidencia científica para el embarazo.
Contrario a lo que se creía en el pasado, entrenar fuerza durante el embarazo es seguro y beneficioso si se adapta correctamente. La clave es evitar el esfuerzo extremo, trabajar con control y no llegar al fallo.
Ejercicios como sentadillas modificadas, puentes de glúteo, remos con banda, press de hombros con mancuernas ligeras o peso muerto rumano con carga moderada son excelentes para mantener la musculatura de la espalda, la cadera y el core. Esto se traduce en menos dolor lumbar y mejor estabilidad postural, algo que muchas futuras mamás agradecen especialmente a partir del segundo trimestre.
El ejercicio de fuerza también ayuda a preparar el cuerpo para el parto, ya que fortalece la musculatura necesaria para soportar el aumento de peso y los cambios posturales.
El Pilates prenatal es una opción fantástica porque trabaja la estabilidad, la movilidad y la respiración, aspectos esenciales durante el embarazo. Este tipo de ejercicios ayudan a mantener la flexibilidad de la cadera y la columna, reducen la tensión en la zona lumbar y mejoran el control corporal.
El suelo pélvico es una parte esencial de la salud femenina, y su entrenamiento durante el embarazo es una inversión de futuro. En Enjoy! ofrecemos clases de suelo pélvico que ayudan a fortalecer y coordinar esta musculatura, algo clave para prevenir incontinencias y mejorar el control durante el parto.
El entrenamiento del suelo pélvico no es solo “apretar y listo”. La clave es aprender a activarlo con control, integrarlo en la respiración y combinarlo con ejercicios funcionales. De esta forma se entrena con calidad, no solo con cantidad.
Lo que no se debe hacer (o es mejor evitar)
Es recomendable evitar actividades con riesgo de golpes o caídas, como esquí, equitación, deportes de contacto o cualquier actividad en la que exista la posibilidad de recibir un impacto en el abdomen.
El objetivo es minimizar riesgos innecesarios, especialmente cuando el equilibrio se ve alterado por el cambio del centro de gravedad.
Durante el embarazo, el abdomen está en expansión y el cuerpo necesita espacio. Por eso es mejor evitar ejercicios que impliquen compresión o presión excesiva, como los abdominales tradicionales (crunches) o ejercicios que obliguen a “apretar” el abdomen de forma intensa.
En su lugar, se recomienda trabajar el core de forma segura, con ejercicios que promuevan estabilidad y control sin forzar.
A partir del segundo trimestre, tumbarse boca arriba durante periodos prolongados puede comprimir la vena cava y reducir el flujo sanguíneo. Esto puede provocar mareos o malestar. En su lugar, es mejor hacer ejercicios de lado, sentada o de pie.
El embarazo no es el momento de buscar récords personales. La intensidad debe ser moderada. Ten en cuenta esta regla de oro: debes poder mantener una conversación durante el ejercicio sin quedarte sin aire.
Si notas que te falta el aire o que el esfuerzo es excesivo, reduce la intensidad. Entrenar durante el embarazo es cuestión de constancia, no de rendimiento extremo.
Señales para parar y consultar con tu médico
Aunque el entrenamiento sea seguro, es importante estar atenta a cualquier señal de alarma. Si aparece dolor abdominal, sangrado, mareos, palpitaciones intensas, pérdida de líquido o dolor de cabeza fuerte, lo mejor es detenerse y consultar con el profesional sanitario.
Como vemos, entrenar en el embarazo es posible y recomendable si se hace con criterio. La evidencia científica y las guías de salud coinciden en que el ejercicio moderado durante el embarazo es beneficioso para la madre y el bebé. Lo importante es adaptarlo a cada etapa, evitar riesgos innecesarios y escuchar al cuerpo. El embarazo es un momento ideal para cuidarte, moverte con sentido y preparar tu cuerpo para una etapa nueva y maravillosa.