Para muchos padres y madres, la idea de llevar por primera vez a su bebé a la piscina es muy emocionante. Sin embargo, también hay un componente de miedo que puede frenarles, cuando la realidad es que la natación puede ser una experiencia maravillosa y beneficiosa para el desarrollo de los bebés. La pregunta más común que solemos recibir es: «¿Cuándo puedo empezar a llevar a mi bebé a la piscina o a clases de natación?» ¡Y la respuesta puede sorprenderte! Porque por lo general, la edad recomendada para iniciar a un bebé en la natación es a partir de los seis meses.
A esta edad, los bebés han desarrollado la fuerza necesaria para moverse en el agua y pueden controlar mejor su respiración. Además, su reflejo de inmersión natural, que cerraba automáticamente las vías respiratorias cuando se sumergían, comienza a disminuir, lo que facilita la adaptación al medio acuático. Asimismo, su sistema inmune está más reforzado y, por tanto, pueden estar más protegidos frente a resfriados o infecciones como las tan comunes otitis de piscina.
Pero antes de llevarlos a la piscina, debes tener clara una cosa: el objetivo de llevarlos tan pronto no es en sí mismo el de que aprendan a nadar, ya que esto podrán hacerlo a partir de los 3 o 4 años, dependiendo del niño. A esa edad, ya podrán iniciarse en las habilidades motrices básicas en el agua y empezar a desarrollar las habilidades motrices específicas de la natación.
Antes, sin embargo, lo que haremos con nuestro bebé será dejarle que se familiarice con el agua y que tenga confianza con el medio acuático, siempre, por supuesto, con la compañía de sus padres y madres. Allí descubrirá los fundamentos básicos de la natación (desplazamientos, giros y manipulación de implementos y juguetes como pelotas y churros) y conseguirá relajarse en el agua con ausencia de reacciones negativas frente al medio acuático.
Si estás pensando en darle a tu bebé el primer baño en la piscina, ten en cuenta que, de primeras, puede que el medio acuático le abrume un poco. Lo ideal es que estemos en un entorno tranquilo y que no haya otros niños más mayores salpicando para que no se asuste. Además, intenta encontrar el momento idóneo pensando también en que tu bebé no tenga hambre ni sueño y, si estás en una piscina descubierta, evita las horas en las que haga demasiado calor (por supuesto, no te olvides de la protección solar y un gorrito para protegerlo del sol).
Una vez hayamos encontrado ese momento de relajación, se aconseja ir poco a poco mojando su pies, sus brazos o la nuca para que no le impacte de golpe la temperatura del agua. Ten paciencia, hazlo con tranquilidad y, si el bebé se pone a llorar, puedes ir más despacio o dejarlo para otro momento hasta que el pequeño esté cómodo.
Sumérgelo despacio en el agua y no le sueltes nunca, aunque tenga churros, flotador, chaleco o cualquier otro elemento de seguridad. El bebé siempre debe ir contigo en brazos por su seguridad y también para dotarlo de esa sensación de confianza.
La duración óptima de este primer baño debe ser de no más de 10 o 15 minutos, ya que más tiempo podría cansarse o coger frío. Ya sabes lo que dicen: lo bueno, si breve, ¡dos veces bueno!
Una vez fuera del agua, envuélvelo inmediatamente en una toalla, cámbiale el pañal y ponle roja seca. Aplícale de nuevo la protección solar y… ¡a seguir jugando, esta vez fuera del agua!
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