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¿Por qué sabemos que debemos hacer deporte, pero no lo hacemos?

Aunque todos sabemos que movernos nos beneficia, muchas veces seguimos posponiendo la actividad física. Analizamos por qué es tan difícil empezar a moverse y cómo crear hábitos que hagan del deporte una parte natural del día a día.

El 6 de abril de cada año se celebra en todo el mundo el Día Mundial de la Actividad Física, una fecha que nos recuerda algo que ya sabemos: moverse es esencial para la salud. Sin embargo, entre el trabajo, las responsabilidades y el cansancio del día a día, muchas personas siguen teniendo la sensación de que hacer deporte es una buena intención que siempre queda para mañana. ¿Eres tú una de ellas? La pregunta entonces es inevitable: si sabemos que nos beneficia, ¿por qué nos cuesta tanto ponernos en marcha? 

No se trata de un problema individual. En España, el sedentarismo sigue siendo una realidad muy extendida. Según la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), el sedentarismo afecta aproximadamente al 80 % de la población, lo que pone de manifiesto la necesidad de fomentar estilos de vida más activos para mejorar la calidad de vida. En la misma línea, datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que unos 11 millones de españoles declaran no moverse nunca ni realizar ningún tipo de deporte ni ejercicio físico.  

El cerebro prefiere ahorrar energía 

Entonces, si sabemos que moverse es bueno, ¿por qué, simplemente, no lo hacemos? Durante miles de años, el cuerpo humano evolucionó en entornos donde la energía era un recurso escaso. Por eso, nuestro cerebro está programado para evitar el gasto innecesario de energía. 

Hoy, sin embargo, vivimos en una realidad muy diferente: transporte, tecnología y trabajo sedentario han reducido gran parte del movimiento cotidiano. Nuestro cerebro sigue buscando la opción más cómoda, aunque sepamos que movernos sería mejor. 

Este cambio de estilo de vida se refleja también en un estudio publicado en la revista Medicina Clínica, que analizó datos de encuestas de salud en España entre 1987 y 2020. El informe señala que la prevalencia de sedentarismo en la actividad principal ha aumentado con el paso de las décadas, en gran parte por el aumento de trabajos sedentarios: la proporción de personas con ocupaciones de este tipo ha pasado del 31,2% en 1987 al 38,4% en 2020. 

El problema no es la motivación, es el hábito 

Muchas personas creen que necesitan más motivación para empezar a entrenar. En realidad, lo que marca la diferencia es el hábito. 

Según explica James Clear en su libro superventas ‘Hábitos atómicos’, las acciones que repetimos con facilidad son aquellas que se integran en nuestra rutina diaria y requieren el menor esfuerzo mental posible. Esto ayuda a entender por qué, incluso sabiendo que el deporte es beneficioso, muchas personas no lo incorporan a su día a día. La mayoría de los motivos que alegan quienes no hacen deporte suelen ser la falta de tiempo, el cansancio o la preferencia por actividades sedentarias. 

Por eso, cuando la actividad física se convierte en parte de la semana, igual que trabajar o hacer la compra, deja de depender de la fuerza de voluntad. 

Para generar el hábito, uno de los factores clave es el entorno, ya que es mucho más fácil mantener un hábito cuando el contexto nos ayuda. Por eso, entrenar en el gimnasio aporta varias ventajas: es un espacio diseñado para moverse con profesionales que guían el entrenamiento, con una variedad de actividades aptas para todos los públicos y una comunidad que motiva. 

En este sentido, desde nuestro gimnasio Enjoy! buscamos precisamente facilitar ese primer paso: ofrecer un entorno accesible, dinámico y pensado para que cada persona encuentre una forma de actividad física que se adapte a su ritmo y a sus objetivos. Todo ello reduce las barreras que a menudo nos frenan cuando intentamos entrenar por nuestra cuenta. 

Empezar es más importante que hacerlo perfecto 

Uno de los errores más comunes es pensar que si no tenemos una hora completa para hacer deporte, no merece la pena empezar. Sin embargo, incluso las sesiones cortas o la actividad moderada ya generan beneficios. 

La Organización Mundial de la Salud recuerda que lo importante es acumular movimiento a lo largo de la semana, adaptándolo al nivel y a las circunstancias de cada persona. 

Además, el reto del sedentarismo empieza cada vez antes. El estudio PASOS, impulsado por la Fundación Gasol, revela que solo alrededor de un tercio de los niños y adolescentes en España cumple con las recomendaciones diarias de actividad física. Este dato pone de manifiesto la importancia de fomentar el movimiento desde edades tempranas y crear entornos que faciliten la práctica deportiva. De hecho, reducir el sedentarismo cotidiano (subir escaleras, caminar más, hacer pequeñas pausas activas, etc.) ya supone un paso importante para mejorar nuestra salud.