Hoy en día cada vez son más las personas que utilizan un reloj inteligente, una app del móvil o algún tipo de dispositivo que recoge información sobre nuestro rendimiento o actividad física. Son muchos los datos que podemos manejar gracias a los nuevos dispositivos deportivos que van apareciendo en el mercado: sueño, frecuencia cardíaca, pasos diarios, ritmo de carrera, GPS, vatios, grado de actividad, gasto calórico, velocidad de ejecución…
Todos estos datos están relacionados de una manera o de otra con la actividad física y nos van a aportar información sobre nuestro rendimiento deportivo o sobre nuestra salud. Pero ¿utilizamos bien toda esta información? ¿Le damos la importancia que se merece?
Hay un concepto clave: el NEAT (Non-exercise activity thermogenesis), el gasto energético diario que se produce con cualquier actividad (sin contar nuestro entrenamiento o ejercicio físico). Es decir, aquí lo que de verdad tendría importancia serían nuestros hábitos diarios: si voy andando a trabajar o en coche, si utilizo las escaleras en vez de un ascensor, si trabajo de pie o sentado… La manera que tenemos de contabilizar todo esto a través de algún dispositivo o app sería teniendo en cuenta el dato que hace referencia a los pasos que damos en un día.
Entendemos que si una persona trabaja de camarero/a, casi con toda seguridad realizará más pasos al finalizar el día que otra persona que trabaja 8 horas sentada en una oficina. Por lo tanto, probablemente su gasto energético en un día será mayor. En términos de salud, esto simplemente va a expresar que nos movemos más, que gastamos más calorías y que nuestro cuerpo nos lo va a agradecer. Así, si lo miramos desde otra perspectiva, una persona que entrena cuatro veces a la semana, pero sus hábitos diarios son sedentarios, ¿puede ser considerada una persona sedentaria? La respuesta es sí. ¿Por qué? Porque una semana tiene 168 horas, y si de esas 168 horas solo nos movemos cuatro, el porcentaje es muy bajo en comparación con una persona que se mueve 48 horas a la semana solamente trabajando.
Pero vamos con otro ejemplo. Si llego a los 10.000 pasos diarios que me marca mi reloj /app, ¿habré alcanzado mi objetivo diario? La respuesta es no. El entrenamiento nos aporta cosas a las que no llegan esos hábitos diarios, y es que pasear no es entrenar. Conclusión: ten unos hábitos activos en tu día a día y realiza ejercicio físico, el que te guste, ya que esos son dos pilares fundamentales para nuestra salud, y no se puede elegir solo uno.
Entonces, ¿qué datos pueden ser interesantes para medir mi entrenamiento? Aquí van tres ejemplos:
Para finalizar, una pequeña reflexión. El auge de la digitalización es patente en mundo del entrenamiento a través de datos tangibles y fiables para poder entrenar de manera más eficiente. Sin embargo, nos gustaría aconsejarte que no te obsesiones demasiado con los datos, la clave es disfrutar entrenando, la tecnología vino para ayudar, no para hacernos la vida más difícil. Lo más importante en el entrenamiento es la adherencia, deberemos conseguirla desde el convencimiento y el disfrute.