El uso de móviles en los niños y adolescentes ha aumentado considerablemente en los últimos años, y aunque la tecnología puede ser una herramienta útil y educativa, su uso excesivo está teniendo consecuencias preocupantes en la salud física y mental de los menores. Según el estudio ‘Del cambio a la adaptación: viviendo y aprendiendo en un mundo digital’, elaborado por Qustodio, los niños y adolescentes pasan cuatro horas diarias de media conectados a una pantalla fuera de las aulas, un total de 1.460 horas al año o, para que veamos la magnitud del asunto, la mitad del tiempo que se debería dedicar a dormir. Una cifra preocupante que puede acarrear, como decimos, nefastas consecuencias en la salud de nuestros menores, como pueden ser:
- Alteraciones de sueño: Ya no es solo las horas que el móvil restan al sueño, es que además el uso de estos dispositivos tiene efectos negativos en su salud. Según un estudio de la Universidad de Harvard, la exposición prolongada a la luz azul de los smartphones afecta el ciclo circadiano, lo que provoca trastornos del sueño en los más pequeños. La falta de sueño adecuado está relacionada además con problemas de atención y aprendizaje en el colegio o en el instituto, además de afectar el estado de ánimo.
- Problemas físicos: La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que los menores que pasan más de dos horas al día frente a una pantalla tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas posturales, como el «cuello de texto» o problemas en la columna vertebral debido a las malas posturas. Además, el sedentarismo asociado con el uso excesivo de móviles está directamente relacionado con la obesidad infantil.
- Impacto negativo en la salud mental: El uso excesivo del móvil, especialmente en adolescentes, puede acarrear ansiedad, depresión y una baja autoestima. Síntomas como irritabilidad, agresividad o tristeza son también indicadores de una adicción al teléfono.
- Aislamiento y vida social restringida: La constante comparación social y el ciberacoso son algunos de los factores que agravan estos problemas que comentamos más arriba, en su mayoría debido a las redes sociales. Además, el aislamiento social se ve potenciado cuando los menores pasan más tiempo conectados y menos tiempo interactuando en persona.
¿Cómo puede ayudar el deporte a los menores?
Ante este panorama de exceso de pantallas, el deporte puede ser un aliado fundamental para equilibrar sus vidas. Porque el deporte es una forma natural y divertida de reducir el sedentarismo, y no hay que olvidar que la OMS recomienda al menos 60 minutos de actividad física diaria para niños y adolescentes.
El deporte libera endorfinas, lo que ayuda a reducir el estrés, la ansiedad y la depresión en los jóvenes, y contribuye a mejorar la calidad del sueño, lo que tiene un impacto positivo en el rendimiento académico y el estado de ánimo. Además, practicar deporte les enseña a trabajar en equipo, a respetar reglas y a gestionar conflictos, habilidades cruciales para la vida social. Asimismo, al compartir tiempo con otros en un entorno físico, los menores desconectan del mundo virtual y construyen relaciones reales.
Todo esto suena (y es) maravilloso, pero ¿cómo equilibrar el tiempo de pantallas y el deporte? Sabemos que no es sencillo, pero podemos aplicar algunas prácticas para lograrlo:
- Limita el tiempo de pantalla: Es importante que los padres y educadores establezcamos límites claros sobre el uso de móviles. La Academia Americana de Pediatría recomienda que los menores de 6 a 18 años no pasen más de dos horas al día frente a pantallas fuera del horario escolar.
- Crea rutinas activas: Incluir el deporte en la rutina diaria de los menores es clave. Desde ir andando al colegio o instituto si es posible, hasta participar en deportes organizados o simplemente jugar en el parque, cualquier actividad que los mantenga en movimiento ayudará a equilibrar el tiempo frente a las pantallas.
- Predica con el ejemplo: Los niños aprenden con el ejemplo. Si los padres o cuidadores practican deporte y mantienen un estilo de vida activo, es más probable que los menores también adopten esos hábitos.
