Que levante la mano quien no haya visto a sus hijos pelearse por quién lanza primero el balón, quién gana más puntos o quién hace más flexiones. La convivencia entre hermanos puede ser un máster acelerado en emociones… y el deporte no siempre ayuda a calmar las aguas. Pero, bien enfocado, puede convertirse en su mejor campo de juego para crecer juntos.
Fomentar una competitividad sana que sume, en vez de restar, es fundamental para que el deporte forme una parte fundamental en sus vidas. Porque un hermano puede ser el principal motor deportivo para otro (y viceversa). ¿Sabías que los hermanos mayores pueden ser un impulso enorme para que los pequeños hagan más ejercicio? Un estudio publicado en el Journal of Sport & Exercise Psychology así lo confirma: cuando el mayor practica deporte, el menor tiene más probabilidades de sumarse al movimiento. Es como tener un entrenador de confianza en casa, y es que ya sabemos que los hermanos mayores pueden ser el mejor referente.
En este sentido, investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid observaron que los hermanos mayores hacen de “guías informales” para los más pequeños, sobre todo en deportes de equipo. Comparten trucos, corrigen posturas y hasta proponen retos. Y aunque a veces hay piques, también hay mucho aprendizaje.
De hecho, otro estudio, en este caso del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, indica que los hermanos pequeños son mejores deportistas que los mayores, y, por supuesto, este apoyo tanto de hermanos mayores como de los padres tiene mucho que ver en ello. Los responsables del estudio consideran que la experiencia adquirida por los padres en la crianza es un factor fundamental, así como los consejos, la vigilancia y los cuidados que les han profesado los hermanos mayores.
Otro dato interesante: compartir deporte entre hermanos del mismo sexo (o con poca diferencia de edad) potencia la coordinación y la confianza, según estudios publicados en la Revista de Psicología del Deporte. Si uno se anima a correr, el otro no se queda atrás.
Y por si aún dudas de su impacto: la American Psychological Association ha señalado que jugar y hacer deporte entre hermanos fortalece habilidades sociales, fomenta la cooperación y mejora la regulación emocional. Vamos, que es una receta de bienestar a largo plazo.
¿Y la rivalidad?
Ah, la gran pregunta. ¿Qué pasa cuando la competencia y los celos se van de las manos? Cuando uno gana y el otro se enfada, o cuando uno se frustra por no alcanzar el nivel del otro. Tranquilidad: es normal. Pero hay formas de acompañar esa competitividad para que sea una herramienta en lugar de un problema.
Un estudio de Developmental Psychology encontró que, cuando el entorno es de apoyo, los hermanos disfrutan más del deporte y sienten menos estrés. Y desde la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), los expertos avisan: si solo se valora el resultado (“¿Quién ha ganado?”), y no el esfuerzo, aumentan las probabilidades de que alguno acabe abandonando el deporte por pura frustración.
Entonces, ¿qué hacer como padres?
- Evitad las comparaciones (“Tu hermano lo hace mejor”)
- Celebrad los progresos individuales
- Enseñadles que competir también es colaborar
- Dejad que expresen sus emociones (sí, las pataletas a veces también tienen mensaje)
Hermanos que inspiran en el mundo del deporte
El deporte está lleno de historias de hermanos que comparten pasión (y medallas) sin pisarse los talones, como por ejemplo:
- Venus y Serena Williams, reinas del tenis mundial: se han enfrentado en la pista, pero siempre con cariño y respeto.
- Pau y Marc Gasol, referentes del baloncesto español, han jugado juntos en la selección y celebrado cada logro del otro.
- Blanca y Paco Fernández Ochoa: dos nombres míticos del esquí español que demostraron que compartir cumbre también es posible en familia.
- Iñaki y Nico Williams, hermanos y delanteros del Athletic Club, destacan por su compenetración dentro y fuera del campo. Con estilos distintos pero gran complicidad, demuestran que la hermandad también puede ser una fortaleza en el fútbol de élite.
En casa, probablemente, también tengas ejemplos a pequeña escala: ese día en que uno animó al otro en su primer partido, o cuando se ayudaron a aprender una coreografía de Zumba sin que nadie se lo pidiera.
Ideas para disfrutar juntos (y en paz)
Si quieres que el deporte en familia sea una fuente de unión más que de conflicto, aquí van algunas ideas prácticas:
- Proponed juegos en pareja o grupo: desde carreras de relevos hasta circuitos por equipos (uno hace abdominales, el otro salta a la comba).
- Repartid los roles: uno puede ser “el entrenador” y el otro “el atleta”, y luego se cambian.
- Haced retos personales, no comparativos: ¿Quién mejora su tiempo? ¿Quién aguanta más tiempo la tabla abdominal respecto a la semana pasada?
- Reservad un espacio para hablar: “¿Cómo te sentiste cuando perdiste?”, “¿Qué te gustó del juego de tu hermano?”
Y, sobre todo, disfrutad. Porque más allá de los goles, las carreras o los puntos, el deporte en familia es una oportunidad para construir recuerdos, valores y, quién sabe, un futuro equipo de campeones.
