La OMS recomienda que los niños y adolescentes entre 5 y 17 años deberían dedicar como mínimo 60 minutos diarios a “actividades físicas de intensidad moderada a vigorosa”. Ya conocemos los numerosos beneficios tanto físicos como mentales y emocionales que el deporte tiene en los más pequeños: refuerza su personalidad, les ayuda en la toma de decisiones, favorece la socialización, contribuye a adquirir hábitos saludables para el resto de su vida, aumenta su autoestima… Que la actividad física es necesaria para ellos (y por supuesto también para los adultos) es innegable, pero debemos estar alerta a las posibles lesiones derivadas del ejercicio.
Al igual que los adultos, los niños y adolescentes no están exentos de sufrir lesiones haciendo deporte, con el agravante de que no suelen percibir los riesgos de las actividades del mismo modo que los adultos, por lo que debemos estar muy pendientes de inculcarles la importancia de calentar, estirar o utilizar los equipos adecuados, por ejemplo.
Lesiones deportivas más frecuentes en niños
Lesiones agudas
ocurren de forma repentina y suelen producirse por algo tipo de traumatismo: esguinces, distensiones, roturas de ligamentos o fracturas de huesos son algunas de las más comunes, pasando por otras de mayor gravedad.
Lesiones por sobrecarga
son consecuencia de acciones repetitivas que fuerzan demasiado algunos huesos y músculos. En niños hay que prestar bastante atención a este tipo de lesiones porque podrían afectar a su crecimiento óseo. Dolor anterior de rodilla, hombro de nadador, codo de pitcher
Lesiones recidivantes
se producen cuando se vuelve a practicar deporte antes de estar completamente recuperado de la lesión.
Lesiones agudas
ocurren de forma repentina y suelen producirse por algo tipo de traumatismo: esguinces, distensiones, roturas de ligamentos o fracturas de huesos son algunas de las más comunes, pasando por otras de mayor gravedad.