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Por qué todo el mundo habla del mindfulness y cómo puede mejorar tu vida

Por qué todo el mundo habla del mindfulness y cómo puede mejorar tu vida

La práctica del mindfulness pretende enseñarnos a liberar la mente de automatismos y encontrar el bienestar

El mindfulness nos invita a centrarnos en el momento presente de manera plena y consciente

Estar en una reunión de trabajo y contestar varios mails a la vez. Pasar una tarde en familia y no dejar de mirar el WhatsApp. Vivir deprisa, priorizar lo urgente a lo importante, empezar nuevas tareas dejando a medias las anteriores. A todos nos pasa. Tenemos tan interiorizados ciertos comportamientos y costumbres que quizá no nos hemos dado cuenta de que vivimos sin estar en el tiempo presente. ¿Te has preguntado alguna vez qué pasaría si frenáramos el ritmo, si prestáramos atención al ahora… y ya? Eso, a grandes rasgos, es lo que pretende el mindfulness.

Aunque de un vistazo pudiera parecer que tiene algo que ver con la filosofía ‘carpe diem’, la realidad es más profunda. Más allá de aprovechar el momento presente sin esperar el futuro, el mindfulness nos invita a centrarnos en ese momento presente de manera plena. Se trata de una forma de relajación que consiste en estar plenamente consciente. A veces caminamos por la calle como autómatas, embaucados en nuestros problemas diarios y con nuestra mente perdida en pensamientos que nada tienen que ver con el momento real. La práctica del mindfulness pretende enseñarnos a liberar la mente de esos automatismos y encontrar así el bienestar.

Todo va de volver a conectar con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Podemos decir que las principales claves del mindfulness son la observación, la meditación y la atención plena a nuestra vida cotidiana. Esto es: ser capaces de concentrarnos en el ahora, dejar que nuestros pensamientos, sentimientos y emociones fluyan sin prejuicios y sin control para evitar frustraciones cuando no podamos cambiar la situación y ser conscientes de nuestros hábitos y comportamientos, de nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestra respiración, así de como todo lo que nos rodea. En definitiva, volver a conectar con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Los beneficios del mindfulness

Estos son algunos de los beneficios que practicar mindfulness puede tener sobre nosotros y nuestra vida cotidiana:

Aumenta tu inteligencia emocional y tu paz mental.

Ambas cosas van de la mano. Detectar nuestras emociones y ponerles nombre nos ayudará a saber gestionarlas y, por tanto, adquirir esta habilidad que en los últimos tiempos se le va dando la importancia que requiere: la inteligencia emocional. Conocer nuestras emociones nos ayudará a reconocer las de los demás y, por tanto, mejoraremos nuestra calidad de vida tanto personal como profesional.

Nos ayuda a controlar el estrés y la ansiedad.

Nuestra mente en ocasiones nos mete en bastantes bretes fruto de la anticipación. ¿Cuántas veces te has preocupado por cosas que finalmente no han pasado? Al estar en el momento presente el mindfulness nos proporciona tranquilidad y quietud, evitando pensamientos recurrentes y obsesivos.

Mejora nuestra calidad del sueño

Al ser capaces de controlar nuestros pensamientos y aceptar nuestras acciones, el mindfulness nos ayuda también a descansar. Y dormir es vital para nuestro bienestar y para afrontar la vida con energía.

Fomenta la concentración.

Fijar la atención en el momento presente y en nuestras acciones, pensamientos, sentimientos y emociones concretas nos ayuda a concentrarnos y, por tanto, nos lleva a rendir más en el trabajo, a dar lo mejor de nosotros en nuestras aficiones y a mejorar nuestras relaciones interpersonales.

Incrementa la creatividad.

Tener mil tareas en la cabeza hace que nuestro cerebro colapse y nos volvamos personas menos resolutivas, atorándonos ante cualquier problema nimio. Una mente en calma tendrá espacio suficiente para nuevas ideas que surjan de manera espontánea.

¿Cómo practicar mindfulness?

El mindfulness no es una práctica que consigamos dominar de un día para otro. Es un proceso que requiere preparación previa y, a ser posible, la guía de un profesional. Aun así, puedes practicarlo de manera autodidacta de manera constante y diaria. Para hacerlo, empieza practicándolo poco a poco, solo unos minutos cada día, intentando focalizar tu atención en tu respiración. Hazlo en un lugar en el que te sientas tranquilo y puedas concentrarte sin interrupciones: tu habitación, dando un paseo por la naturaleza… Más adelante, ve introduciendo nuevos ejercicios mientras caminas o realizas tareas domésticas, prestando plena atención a tus movimientos y a las acciones que realizas. Olvídate del resto y céntrate en el momento presente. Se trata de vivir de forma consciente.